lunes, 18 de julio de 2011

ESTUDIO EN ESCARLATA - Sir Arthur Conan Doyle

yo considero que un cerebro humano es como un pequeño ático vacío que uno debe llenar con el mobiliario que elija. Un loco toma todos los trastos de cualquier clase con que se encuentra, de manera que los conocimientos que podrían serle útiles quedan excluidos o, en el mejor de los casos, mezclados con muchas otras cosas, con lo que tiene dificultad en disponer de ellos. Ahora bien, el trabajador hábil tiene ciertamente mucho cuidado en lo que lleva a su cerebro-ático. No tendrá más que las herramientas que puedan ayudarle a realizar su trabajo, pero de estas posee un amplio surtido, y todas en el orden más perfecto. Es un error creer que esa pequeña habitación tiene paredes elásticas y puede dilatarse sin fin. Esté seguro de que llega un momento en que cada nueva adición de conocimiento hace olvidar algo que antes se sabía. Por consiguiente, es de la máxima importancia no tener conocimientos inútiles que den codazos a los útiles.


Esta novela fue la primera en la que apareció Sherlock Holmes, inaugurando una serie de historias que convertirían al personaje en uno de los más reconocibles de la historia de la literatura y paradigma del detective privado. En este libro asistimos a la presentación del personaje, al que Conan Doyle se esfuerza en retratar como a una especie de lunático estravagente con mente brillante, sin importarle recurrir a comparaciones con otros detectives literarios, como Monsieur Dupin de Poe, y con métodos sorprendentes y poco usuales. También presenciamos cómo se conocieron Holmes y Watson, y ya empieza a aparecer también el policía Lestrade. La trama detectivesca, quizás por ser la primera, es una de las más ambiciosas, aunque no es la más lograda bajo mi punto de vista. Está claro que fue mejorando a medida que iba inventando historias.

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